No solo la democracia es ilegal en Irán
Esta es la traducción de un artículo escrito por Cherie Blair para un periódico Británico, el TimesOnline, el día 9 de julio. Cherie Blair es una abogada de Matrix Chambers.
No debemos permitir que nuestra atencion a las actuales protestas nos cieguen sobre el estado de persecución de las minorías religiosas de Irán.
En estas semanas han habido muchos heroes y heroínas en Irán. Hemos visto a miles de personas salir a las calles y arriesgarse a ser arrestados o consecuencias peores, en apoyo a la democracia.
Las mujeres han estado a la vanguardia en estas protestas pacíficas, que, vergonzosamente, se volvieron violentas. Son sus derechos y esperanzas las que están bajo la mayor amenaza.
Es una lucha por la libertad y la justicia que Shirin Ebadi, la destacada abogada iraní y Premio Nobel de la Paz, ha estado liderando por décadas. La Dr. Ebadí es una de mis heroínas, como los son miles más al rededor del mundo, ha actuado de forma incansable en su esfuerzo para representar a aquellos que enfrentan la persecución.
Típico de su valentía y creencia en la importancia de la justicia, anunció que defenderá a los líderes de la Comunidad Bahá’í arrestados el año pasado, antes de las últimas protestas. También típica fue la reacción de las autoridades. Sus oficinas fueron allanadas y cerradas, multitudes enfadadas aparecieron frente a su casa, ella y su familia recibieron nuevas y graves amenazas a su seguridad.
No solo ella es considerada una espina para las autoridades iraníes, la Comunidad Bahá’í, la minoría religiosa más grande del país, ha sido también blanco de persecuciones durante gran parte de su historia
Durante más de 100 años, los seguidores de la Fe Bahá’í, una religión mundial con raices en Irán, se han enfrentado a la discriminación y persecución por tener unos ideales progresivos con especial hincapié en la unidad de la religión, la igualdad de los sexos y el derecho a la educación. Los bahá’ís han sido privados de seguir su religión bajo pena de prisión o incluso ejecución.
Sus derechos fundamentales siguen siendo violados. Los arrestos son generalizados y arbitrarios. Los niños bahá’ís son intimidados por los funcionarios de las escuelas. A los seguidores de la Fe bahá’í se les puede denegar el acceso a la educación superior y pueden ser expulsados de sus puestos de funcionarios. Se les ha negado recibir pensiones y herencias por ser bahá’ís. Lugares sagrados y tumbas han sido destruidas.
La campaña en contra de la Comunidad Bahá’í se intensificó la primavera pasada, cuando sus siete lideres nacionales fueron detenidos en redadas de madrugada. Más de un año después de su detención sin cargos ni acceso a un abogado, las familias de los prisioneros han sido informados de la fecha del juicio, este sábado.
Todavía no conocemos los cargos. Pero los informes de noticias iranís han sugerido que el comité nacional los acusa de todo, desde “Espionaje para Israel” hasta “Propaganda contra la República Islámica”. Tales cargos lleevan sanciones muy graves en Irán, incluyendo la pena de muerte.
Lo que también es preocupante son los informes que dicen que el caso será escuchado por el mismo Tribunal Revolucionario que recientemente juzgó, en secreto, a la periodísta estadounidense Roxana Saberi. Después de un procedimiento de un solo día, se le condenó a ocho años de cárcel.
Sólo tras una protesta internacional por esta parodia de juicio y la severidad de la sentencia, recibió otro juicio. Esto redujo la severidad de la sentencia hasta los dos años que posteriormente se suspendió en una apelación.
Necesitamos la misma presión internacional ahora, antes del caso judicial, para garantizar que los siete hombres y mujeres reciben un juicio justo y una oportunidad de tener justicia. Se les debe dar pleno acceso a sus abogados, que deberán disponer de tiempo para preparar su defensa. El proceso judicial debe ser abierto a la observación independiente.
De hecho, debemos intensificar la presión para lograr que Irán cumpla cons sus obligaciones internacionales, no solo con los juicios, sino tambien con la libertad religiosa. La constitución iraní supuestamente protege los derechos de las minorías religiosas del país. La realidad, como muchos seguidores de otras religiones en Irán pueden confirmar, es muy distinta. La consolidada Comunidad Bahá’í de más de 300.000 miembros, es incluso excluida de esta teorica protección. No solo no tienen derecho a practicar su fe, sino que son considerados herejes que han abandonado el Islam.
Esto le da al estado iraní una invitación abierta a maltratar y perseguir a los seguidores de una religión que tiene una creencia compartida con los principios fundamentales de todas las grandes religiones y profetas. Lejos de constituir una amenaza para el gobierno, de sus seguidores se espera que eviten el partidismo político como acto de fe.
No hay secretos acerca de los malos tratos a los que Iran está somentiendo a los bahá’ís sistemáticamente – una campaña que se ha agravado bajo el gobierno del presidente Ahmadinejad. El Reino Unido, la Unión Europea, el Congreso de los Estados Unidos, el Parlamento de Australia y una gama de organizaciones no gubernamentales han supervisado y condenado este maltrato. El Parlamento Europeo condenó a este mismo año el acoso a la Dra. Ebadi y el cierre de sus oficinas, e instó a la liberación de los siete líderes bahá’ís, que, se cree, fueron encarcelados “Únicamente en base de sus creencias”
Desde dentro de Irán, tambien, estudiantes y académicos, artistas y poetas, políticos y progresistas sociales han hablado con valentía por la atribulada Comunidad Bahá’í. También ellos están sintiendo la ira del estado.
Sin embargo, debemos asegurarnos de que nuestra comprensible preocupación por las protestas pro-democracia y su sangrienta supresión no nos haga pasar por alto la amenaza a la minoría religiosa no-musulman más grande del país. Es en momentos como estos en que las autoridades iraníes han culpado a la población bahá’í.
Hace quince días, el Ministro de Asuntos Externos de Irán, Manouchehr Mottaki, acusó al Gobierno británico por el apoyo a la “descarriada secta Bahá’í”. Y así carteles desfilaron por las calles de Teherán en los que se leía “BBC = Bahá’í Broadcasting Company”. Hoy los bahá’ís de Irán se enfrentan a un peligroso e incierto futuro.
Debemos instar al Gobierno iraní que los líderes de la Comunidad Bahá’í deben tener un juicio justo y que permitan el acceso a observadores independientes para garantizar que esto ocurre. También debemos pedir a Irán que cumpla con sus obligaciones internacionales como son las de proteger a todos sus ciudadanos y dejarles mantener y practicar sus creencias religiosas sin sufrir discriminaciones ni tener miedo.
Shirin Ebadi es una mujer valiente y abogada brillante. Pero no podemos dejarle llevar esta carga a ella sola.
Fuente: TimesOnline
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Desde hace más de un año los 7 miembros del Yarán (órgano que coordinaba los asuntos básicos de la Comunidad bahá'í de Irán) están en prisión por falsas acusaciones y sin acceso a su abogada, esperando a un juicio que podría suponer la pena de muerte.