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El precio de la religión en Irán

Mehri Mavaddat y su hijo, Payam Maveddat, en su casa de Plano.

Mehri Mavaddat y su hijo, Payam Maveddat, en su casa de Plano.

Fue cerca del final del verano de 1980, cuando Mehri Mavaddat y su esposo acababan de salir de la cárcel.

Eran iranís pertenecientes a la Fe Bahá’í, religión contra la que las autoridades habían comenzado una rápida persecución el año anterior.

“Atacaron tantas veces mi casa, a media noche, durante el día,” dice Mehri Mavaddat. “Confiscaron todo mi dinero, las joyas, los libros, sobretodo libros, y luego lo destruyeron todo”.

Y así comenzó. Su marido, Farhang Mavaddat, pudo respirar fuera de la prisión durante dos o tres semanas más hasta que las autoridades le pidieron que fuera a ser testigo para alguien.

“La gente nos decía, ‘No vayas, es una trampa’”, dijo Mehri Mavaddat, que tiene algo más de 70 años. “Pero él decía, ‘yo no he hecho nada’”.

Era una trampa, sin embargo, y de repente, se separó de su esposa para estar en una de las más infames cárceles de Irán.

“Durante dos meses, yo no tenía ni idea de dónde estaba,” dice Mehri Mavaddat. “Finalmente, envió un mensaje a través de una bahá’í cuyo marido estaba allí.”

Farhang Mavaddat estaba en la cárcel de Evin, la misma prisión en la que otros siete líderes baháís están encarcelados desde la primavera de 2008. Muchos creen que los siete están entre rejas por el mismo motivo: su religión.

Después de descubrir el paradero de su marido, Mehri Mavaddat pudo verlo una vez a la semana durante diez minutos. Hablando tras una ventana a través de un teléfono y con un guardia junto a ellos.

“Los dos primeros meses, al parecer, están bajo mucha presión en régimen de aislamiento para los interrogatorios y la tortura, o para obligarlos a negar su fe”, dice Mehri Mavaddat.

Después de esos dos meses, su marido fue llevado a una habitación llena de presos.

“Me dijo que la sala estaba construida para 25″, dice Mehri Mavaddat. ”Y ahí vivían 230 personas como sardinas en ese cuarto”.

Los prisioneros tenían que turnarse para acostarse, el aire estaba sucio y la única ducha de agua caliente se encendía una hora cada semana, dijo.

“Después de unos meses, le llevé algo de ropa, y él me dió la suya”, dice Mehri Mavaddat. ”Estaba tan mal, el olor era tan malo, que no pude levarlas [su ropa] casa”.

Ella y su hijo que residen en Plano, creen que las condiciones para los siete líderes bahá’ís encarcelados ahora son similares.

“Después de la disputa electoral, se detuvo a un gran número de opositores,” dijo Payam Maveddat, de 47 años (utiliza un apellido distinto debido a la forma en que las autoridades lo escribieron en su pasaporte). ”Esto demuestra que las cárceles están demasiado llenas. Ya estaban demasiado llenas al principio… así que las condiciones no pueden haber mejorado mucho.”

A los siete bahá’ís actualmente encarcelados se les ha negado el contacto con abogados y se enfrentan a acusaciones de “espionaje para Israel, insultar santidades religiosas y la propaganda contra la República Islámica”, según informes de noticias iranís. Sin embargo, no hay cargos formales contra ellos, y su juicio, que se suponía que iba a ocurrir a principios de este messe ha retrasado indefinidamente. [Acualmente se sabe de una nueva fecha para el juicio el 18 de agosto]

Pero si su experiencia acaba como con el padre de Payam Maveddat, no saldrán con vida.

Farhang Mavaddat, junto con fotos de lo que estaba escrito en los cuerpos de los prisioneros Bahá'ís.

Farhang Mavaddat, junto con fotos de lo que estaba escrito en los cuerpos de los prisioneros Bahá'ís.

“Junto con otros dos bahá’ís, fue ejecutado en 1981. Las autoridades trajeron otro bahá’í a mirar para aprender la lección”, dijo Payam Maveddat.

Todos los sábados por la mañana, se nombraban a los que fueron ejecutados el fin de semana anterior. Cuando el supervisor de Mehri Mavaddat escuchó el nombre de su marido, ella fue notificada.

“Entonces fui a la morgue mientras se llevaban todos esos cuerpos”, dijo.

Para identificar los cadáveres, los guardias de la prisión escribían los nombres de los presos en sus cuerpos y los crímenes en las piernas. En los bahá’ís  estaba escrito “anti-dios”.

“Tuve suerte de tener el cuerpo”, decía Mehri Mavaddat mientras mostraba imágenes de los cadáveres.

Dos meses después del entierro de su marido, el gobierno confiscó el cementerio y eventualmente lo destruyeron para construir un centro cultural.

Es normal en Irán, que los cementerios de los bahá’ís estén separados de los demás.

Así como sus cementerios son arrasados, los bahá’ís también tienen prohibido asistir a las universidades y a la mayoría de puestos en el gobierno.

“Buscan que nos retractemos de nuestra fe”, dice Mehri Mavaddat.

Los Bahá’ís no luchan físicamente contra el gobierno islámico, porque la guerra y la lucha está prohibida en su religión. La fe también hace hincapié en la paz y la igualdad entre los sexos, razas y nacionalidades.

Pero los prejuicios contra los bahá’ís estaban presentes mucho antes de la revolución iraní de 1979, cuando las persecuciones aumentaron considerablemente.

Antes de eso, el esposo de Mehri Mavaddat era un ingeniero químico, y la familia vivió por toda Irán. Pero fueran donde fueran, la gente los discriminaba.

“Ponían suciedad detrás de nuestra puerta”, dice Mehri Mavaddat. ”Ponían un altavoz en nuestra casa y maldecían nuestra religión y nuestras tradiciones.”

Aún así, la familia también tenía muchos amigos no bahá’ís que los querían a pesar de que los veían como distintos.

“Tengo un montón de amigos, que siempre decían, ‘Oh que buena gente. Es una lástima que seáis de esos’ “, dice Mehri Mavaddat. ”Incluso no querían mencionar el nombre de nuestra religión. Tanto les habían lavado el cerebro contra los bahá’ís”.

Cuando comenzó la Revolución Iraní, Payam Maveddat iba a una de las mejores escuelas secundarias en Irán. Pero, reconociendo la inminente caos, Mehri Mavaddat envió a su hijo lejos.

“Estuve en el último vuelo de la Pan Am de Teherán a Nueva York”, dijo Maveddat Payam.

Al día siguiente, el aeropuerto estaba cerrado.

No fue mucho antes de que Mehri Mavaddat y su esposo, que eran miembros de una asamblea administrativa bahá’í, fueran llevados a un régimen de aislamiento en una prisión local.

Los siete bahá’ís encarcelados actualmente también son líderes en su comunidad, pero a diferencia de sus celdas en la ciudad de Teherán, los Mavaddat fueron encarcelados en tierras agrícolas.

“Era una granja de gallinas que convirtieron en una cárcel”, dice Mehri Mavaddat. ”El primer día, me interrogaron todo el día.”

A medianoche, los guardias se llevaron a Mehri Mavaddat y algunos otros prisioneros para identificar las casas de otros miembros de la Fe Bahá’í.

Mehri Mavaddat, originalmente una abogada del gobierno, salió de la prisión en dos semanas. Pero no mucho después, las autoridades estaban buscándola de nuevo.

“Entre siete y ocho meses, estuve sin hogar aquí y allí, atemorizada”, dijo.

Se quedó con la familia y amigos, incluyendo no bahá’ís. Pero después de que hubieran allanado los hogares de sus amigos y familiares más cercanos, se dió cuenta de que tenía que marcharse. Y en 1982, Mehri Mavaddat escapó del país.

Mehri Mavaddat sosteniendo las fotos de lo que estaba escrito en los cuerpos de los prisioneros bahá'ís.

Mehri Mavaddat sosteniendo las fotos de lo que estaba escrito en los cuerpos de los prisioneros bahá'ís.

Ella ahora vive en Toronto, Canadá, y ha hablado en nombre de los bahá’ís para las Naciones Unidas y el grupo de derechos humanos, Amnistía Internacional.

Actualmente, su hijo y bahá’ís en todo el país están tratando de crear un proyecto de ley de EE.UU. para ayudar a su grupo.

El Proyecto de ley 175 (enlace al proyecto, en inglés) de la Cámara de los Diputados, condena al gobierno iraní por las acciones tomadas en contra de los bahá’ís y pide la inmediata liberación de los siete bahá’ís actualmente encarceladotodos los demás prisioneros detenidos únicamente por sus creencias religiosas.

La resolución fue presentada en febrero y está siendo analizada en un comité de la cámara para que pueda ser de nuevo un proyecto de ley de la Cámara de los diputados sobre el que votar.

Hay por lo menos 165.000 bahá’ís en América, según el sitio Web de los bahá’ís de los EE.UU. Entre 600 y 800 se encuentran en el Condado de Collin, con las comunidades bahá’ís en Plano, Allen, Frisco, McKinney, Murphy, Parker y Prosper.

Para obtener apoyo político local para la resolución, la comunidad bahá’í de Plano ha enviado al menos 100 e-mails y peticiones por carta hace varios meses al congresista Sam Johnson, quien representa la zona de Plano y alrededores.

Pero se encontraron con respuestas genéricas, para perplejidad de los bahá’ís.

“No sabemos de qué parte está en este tema”, dijo Maveddat Payam. ”Esperamos que nos apoye”.

Los bahá’ís locales han recibido el apoyo del Senador Florence Shapiro, pero Payam Maveddat sostiene que sólo dos congresistas han firmado la Legislación de la Cámara.

Para aumentar la conciencia de la causa, Payam Maveddat quiere también que tejanos del norte se familiaricen con los principios bahá’ís de modo que haya una mayor base de apoyo.

“Si se mostraran los números que están ahí apoyando este concepto, bahá’ís o no bahá’ís, entonces tendremos la atención merecemos”, dijo.

Su madre cree que la atención internacional tiene un impacto sobre el gobierno iraní también.

“Estoy segura de que les encantaría matar a todos los bahá’ís”, dijo. ”Pero debido a la presión internacional, dudan en hacerlo.”

En Irán, Payam Maveddat cree que Internet ha ayudado a difundir el mensaje de paz de los bahá’ís.

“Lo que hace el gobierno no es necesariamente lo que haría hace o siente la población en general”, dijo.

“Es muy interesante que ahora, los no bahá’ís en Irán hablan muy abierta y públicamente sobre los bahá’ís”.

Al mismo tiempo, argumentó que el gobierno iraní estaba todavía en condiciones de explotar a las personas por el analfabetismo en el país, que es la razón por la que los bahá’ís hacen hincapié en la educación.

La tasa de alfabetización es del 77% en Irán, según el CIA World Factbook.

Pero con siete líderes bahá’ís actualmente en prisión, la prueba de una persecución es evidente a los de la religión.

“La acusación es tan evidente, hasta un niño se reirá”, dice Mehri Mavaddat. ”Pero ellos insisten e insisten. Y oh, bien, si se nos acusa de todo esto, ¿cómo es que si decimos que no somos bahá’ís, estaremos bien?”

La respuesta a esa pregunta depende de quién la está haciendo.

Sin embargo, los supervivientes de la persecución como Mehri Mavaddat quieren dejar una cosa clara: los bahá’ís no son delincuentes.

“No puedo traer a mi marido de vuelta, y no puedo recuperar mi propiedad”, dijo. ”Lo sé. Pero, al menos, detener esta persecución cuanto antes.”

Articulo original y fotos por Michael Boren

Fuente: Star Community Newspaper (inglés)

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1 Comentario

  1. Hasta cuando continuaremos viendo las injusticias hacia nuestra Amada Fe que lejos de dañar nos une en el Amor y la unidad.

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