Un nacimiento entre las ruinas llena de esperanza a Haití

Un doctor voluntario examina a Tina Rose Wome poco después de su nacimiento en una escuela Bahá'í en Puerto Príncipe
5 de febrero
PUERTO PRÍNCIPE, Haití. La pequeña Tina Rose Wome vino al mundo el 28 de enero en una clínica temporal, levantada en un aula de la Escuela Bahá’í Anis Zunuzi, situada en las afueras de Puerto Príncipe.
Todo un equipo de médicos visitantes estaba a punto para su nacimiento, el primero que ha tenido lugar en la escuela en los treinta años que han transcurrido desde su fundación.
El alumbramiento también fue conmovedor en otro sentido; Magdalah Wome había dado a luz otras tres veces anteriormente, pero ninguno de los otros recién nacidos sobrevivieron al parto. Tina Rose es el primer bebé que Magdalah se ha llevado a su hogar, un hogar que hoy no consiste en más que un tienda montada frente a la montaña de escombros que ocupa el lugar en el que antes se alzaba su casa.
Según las agencias internacionales de auxilio, ocuparse de las secuelas del terremoto que asoló Puerto Príncipe el 12 de enero es uno de los mayores desafíos a los que se han enfrentado jamás. Se estima que han fallecido 170.000 personas, y que el número de personas sin hogar en este país del Caribe podría alcanzar el millón.
Cerca del centro de la capital la gente ha levantado tiendas artesanales para procurarse cobijo. “Utilizan postes, palos y trapos, y se hacen su propia casa”, explica uno de los médicos que integraban el equipo.
La asistencia a los heridos se ha visto dificultada por la falta de instalaciones y de infraestructuras, incluidas las de transporte. Miles de vehículos han resultado destruidos, y los escombros obstruyen muchas de las calles
“Sea lo que sea lo que vean en televisión, aquí es diez veces peor”, señala la Dra. Munirih Tahzib, pediatra de New Jersey que ayudó con la organización del equipo médico. Aún así, los rostros de los niños y el optimismo de los adultos constituían una fuente de inspiración constante para los médicos visitantes.
“Conocimos a personas que han perdido a toda su familia y cuya casa ha resultado destruida. Sin embargo, se levantaban y seguían adelante. Esto es lo que nos daba fuerzas para continuar.”
De hecho, el denominador común de las crónicas llegadas del lugar es la inspiración que transmite la población haitiana. “Los haitianos no se limitan a sentarse y a pedir limosna. Están llevando a cabo buena parte del trabajo más duro, de manera tan humilde que parece invisible”, reza un artículo de la revista Times. “Desentierran a los supervivientes usando las manos, no con grandes máquinas amarillas”.
Los dieciocho miembros del equipo médico que trajeron a Tina Rose (llamada así a partir de Tina Edraki y de Rose Cabot, la médica y la enfermera que asistieron a la madre en el parto) al mundo proceden de Estados Unidos y Canadá. Los integrantes del equipo acudieron al país con el fin de abastecer a la población local de material médico y de tratar al mayor número de pacientes posible a lo largo de una semana, viajando a otras localidades, hospitales, orfanatos y otros centros médicos provisionales instalados en pueblos cercanos
El equipo médico trató a cientos de pacientes. En un orfanato, por ejemplo, la Dra. Tahzib y otros voluntarios examinaron a ciento cincuenta niños que necesitaban atención médica. La Dra. Tahzib y la Dra. Fike trataron a un bebé deshidratado, nacido hace pocos días, y a su madre; ambos sufrían una infección que ponía sus vidas en peligro. Cerca del 40% de la población de Haití tiene menos de quince años.
Otro de sus objetivos era enseñar a la gente a reconocer y a tratar infecciones, y a evaluar sus necesidades en una lógica de sostenibilidad. “Era increíble cómo todos trabajábamos juntos”, afirmaba un miembro del equipo médico en alusión a su grupo y a otras organizaciones de ayuda. “La mayoría de nosotros no nos conocíamos antes.”
Los dieciocho visitantes, muchos de los cuales son bahá’ís, montaron sus tiendas en el patio de la escuela Anis Zunuzi (donde ya residían otros haitianos que han perdido sus hogares). Conscientes de que Puerto Prínciple carece de toda clase de material y de que las infraestructuras del país se han hundido, llevaron consigo suministros médicos por valor de varios miles de dólares (incluidos más de dos mil antibióticos y otras medicinas) para, entre otras cosas, levantar una clínica provisional en las aulas de la escuela que aún seguían en pie.
Todos ellos tomaron vuelos comerciales a la República Dominicana y luego viajaron en bus a Haití. “Les rogamos a las aerolíneas que no nos cobraran el exceso de peso”, señaló uno de los médicos. “Yo personalmente llevaba 25 maletas de suministros médicos, y sólo me cobraron 180 dólares de exceso de equipaje”.
Yves y Susanna Puzo, que llevan tiempo vinculados a la escuela, perdieron su hogar en el terremoto pero ayudaron con el suministro de alimentos y apoyo logístico al equipo médico, que estaba compuesto de dos pediatras, dos cirujanos ortopédicos, dos tocólogos/ginecólogos, un especialista en cuidados intensivos, un médico de planta, una enfermera, un terapeuta respiratorio y un alumno de cuarto año de Medicina.
De regreso en sus hogares, los miembros del grupo están consultando cómo pueden continuar procurando apoyo a los esfuerzos que los haitianos, los bahá’ís incluidos, están desplegando para reconstruir el país. En concreto, están planeando organizarse para visitar el país cuatro días al mes en grupos más pequeños, entre otras cosas para impartir un curso sobre educación para la salud en las dos escuelas bahá’ís de la región de Puerto Príncipe.
“Todos hemos aprendido sobre el poder de actuar a nivel local”, señala la Dra. Tahzib.
Fuente: BWNS
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Desde mayo de 2008, los 7 miembros del Yarán (órgano que coordinaba los asuntos básicos de la Comunidad bahá'í de Irán) están en prisión por falsas acusaciones. No fue hasta casi dos años después, en enero de 2010, que fueron sometidos a un primer juicio, aunque los procedimientos son bastante sospechosos.